Linda Hernández ha pasado años apoyando a mujeres latinas afectadas por la violencia doméstica.
Como activista, empresaria y madre, Hernández aborda estas situaciones con empatía y humanidad, asegurándose de que las mujeres cuenten con las herramientas y el apoyo necesarios para salir de relaciones dañinas.
“Personas me han llamado diciéndome: ‘Mi marido me está pegando; ¿qué hago?’ y mi primera pregunta es: ¿qué quieres hacer tú?” Hernández dijo. “Esto no es sobre lo que yo quiero; yo quiero sacarte de ahí; es sobre lo que tú quieres hacer.”
La violencia doméstica es un problema sistémico que tiene graves consecuencias para las personas afectadas, incluyendo su salud mental. La violencia doméstica afecta a 12 millones de estadounidenses cada año, y alrededor del 25% de las mujeres mayores de 18 años han experimentado abuso físico por parte de su pareja a lo largo de su vida.
Sin embargo, las mujeres inmigrantes suelen enfrentar dificultades adicionales cuando se enfrentan a situaciones de maltrato, como las barreras de lenguaje, el miedo a la deportación y la escasez de recursos. Estos desafíos hacen que sea más difícil abandonar a sus parejas y encontrar un lugar seguro, lo que añade a la carga emocional que soportan las mujeres inmigrantes.
Contar con una red de apoyo es fundamental a la hora de salir de una pareja abusiva, pero es posible que las mujeres inmigrantes no dispongan de ese apoyo. En muchos casos se encuentran lejos de sus amigos y familiares.
“Es muy difícil salir solo de la violencia. Tiene que ver con la parte interna de cada mujer, la fuerza, pero también necesita de dónde agarrarse cuando ella se da cuenta de que este no es mi lugar”, dijo Ramona Santos, psicóloga clínica y miembro de Voz Colectiva Comunitaria, una sala de redacción independiente dedicada a la prevención de la violencia doméstica.
Las mujeres que experimentan abuso doméstico necesitan sentirse apoyadas, no juzgadas. El ciclo de maltrato suele provocar una respuesta psicológica e influye en la química cerebral, lo que facilita el desarrollo de un vínculo afectivo con el agresor — una condición conocida como “vínculo traumático”.
“A nivel emocional, no es fácil desprenderse de ese apego que se crea entre un violentador y la víctima, porque se crea una codependencia muy fuerte”, Santos afirma.
Aparte, las duras políticas de inmigración aplicadas por la administración del presidente Donald Trump añaden un nivel de miedo y ansiedad que impide que las personas denuncien los abusos.
Las mujeres temen que presentar una denuncia o buscar ayuda médica pueda provocar su deportación, según The Marshall Project.
Conseguir una orden judicial es fundamental para alejarse del agresor y puede ayudar a garantizar la seguridad de las personas. Sin embargo, últimamente, las personas temen acudir a audiencias judiciales.
Una mujer a la que Hernández estaba ayudando no quería acudir al juzgado para obtener una orden de alejamiento contra su maltratador, ya que temía que los agentes de inmigración la detuvieran, explicó Hernández.
“Ahora es miedo de reportar violencia doméstica por miedo a ir a la policía e identificarse como una persona sin documentos y que algo pueda pasar”, dijo Mariana Argüelles, directora de bienestar en Puentes de Salud, una organización que presta servicios de salud bilingües a miembros de la comunidad inmigrante. “También, aunque la persona quiera salir de esa situación de violencia doméstica, también siempre hay cierto apego, cierto cariño por el agresor y saber que es posible que levantar una denuncia resulte en que esa persona termine con un récord criminal y sea deportada o detenida”.
Existen recursos para ayudar a las personas que experimentan violencia doméstica, como centros de acogida, asesoramiento legal y acompañamiento. Sin embargo, algunos de ellos no están disponibles para las personas sin documentos. Esto dificulta las cosas más para quienes están buscando ayuda.
“Hemos tenido situaciones donde alguien es admitido en un shelter [centro de acogida] y está ahí, pero después el proceso para conseguir una vivienda permanente a través del centro ya no es una opción para él porque se necesita un número de seguridad social para eso”, explicó Argüelles.
Los estereotipos y las normas culturales influyen en la violencia doméstica. Las culturas latinas imponen normas patriarcales, normalizando la violencia entre parejas y haciendo que las personas crean que la violencia no es un motivo suficiente para poner fin a una relación.
Aproximadamente una de cada tres latinas en Estados Unidos sufre violencia doméstica en algún momento de su vida; sin embargo, en muchas culturas latinas ese problema suele considerarse un asunto privado que no debe discutirse fuera del hogar. Esa creencia se suma al estigma al que se enfrentan las víctimas, según un estudio de 2025 de la Universidad de St. Mary’s.
“Transgeneracionalmente, los latinos tenemos el machismo muy incrustado en el ADN y desafortunadamente hemos normalizado esa parte donde ‘si me pega, me quiere’. No, quien te ama no te maltrata”, explicó Hernández.
Lidiar con las expectativas culturales puede ser mentalmente desgastador e impedir que las personas denuncien a las autoridades.
Informarse sobre la violencia doméstica, los límites y el consentimiento es importante para la prevención. Enseñar a los jóvenes que el amor no duele puede ayudar a combatir los estereotipos culturales y a dejar de normalizar comportamientos dañinos.
Juntos y el Congreso de Latinos Unidos son organizaciones que ofrecen apoyo jurídico, incluyendo acompañamiento a las personas durante las vistas en los juzgados penales o de familia para que se sientan más cómodas y seguras.
Para comunicarse con Juntos, las personas pueden llamar al 215-218-9079, completar un formulario para ponerse en contacto con su "Equipo de Atención Comunitaria", o el "Formulario de solicitud de acompañamiento" para que alguien las acompañe al corte.
Para contactar al Congreso de Latinos Unidos, pueden llamar al 215-763-8870, ext. 3. Las personas también pueden acudir sin cita previa de lunes a jueves, de 10:00 a 16:00, para acceder a los recursos.
Puentes de Salud también ofrece servicios de salud mental a inmigrantes sin seguro médico debido a su situación migratoria. Colabora con diversas organizaciones para apoyar a las personas que sufren violencia doméstica y las pone en contacto con los recursos adecuados. Para ponerse en contacto con Puentes de Salud, puede llamar al 215 454-8000.
VozColectiva Comunitaria educa sobre la prevención de la violencia doméstica y publica regularmente información en sus cuentas de redes sociales: @vozcolectivacomunitaria en Instagram y Vozcolectiva Comunitaria en Facebook.
Cultivar el amor propio y redescubrir viejos pasatiempos ayudan a las personas a conectar con quienes eran antes de la relación y a reconstruir su identidad, explicó Santos.
Salir de una relación abusiva es difícil, pero sanar es posible.
“El alma puede estar fragmentada, pero no está rota”, dijo Hernández. “Tenemos que aprender cómo sanamos nosotras mismas.”
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